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Españoles por el espacio

Ya sabéis que  un sistema planetario situado en la constelación Arae llevará el nombre de Cervantes y de algunos personajes de su famosa obra “Don Quijote”. Así su “sol” llevará el nombre del escritor y sus planetas serán Dulcinea, Rocinante, Quijote y Sancho. ¿A que sería precioso que algún cometa que pase cada poco tiempo por ese sistema también fuese llamado Clavileño en honor del caballo de madera que llevó en viaje imaginario al caballero y su escudero?

Es una gran y bonita noticia pero no es el único español histórico que es honrado con el nombre de un cuerpo celeste. En 1857 la esposa del emperador Napoleón III, la española Eugenia de Montijo, dio nombre a un asteroide.

España también ha sido cuna de grandes viajeros espaciales  como Pedro Duque y Miguel López-Alegría. Por cierto, casualidades de la vida, ambos nacieron en Madrid. ¿Será verdad entonces eso de que de Madrid se va al Cielo?

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Hablando de viajeros espaciales españoles, concretamente de Madrid, hubo uno de ficción que se hizo muy famoso allá por los años 50: se trataba de Diego Valor cuyo serial radiofónico al más puro estilo Flash Gordon nos dejaba curiosas perlas como un “Astropuerto” en Alcalá de Henares.

Esa curiosa mezcla de lo espacial y “el terruño” ha dado numerosas historias cómicas. Por ejemplo la película de 1970 “El astronauta”,  en la que un modesto español  interpretado por otro madrileño, Tony Leblanc, decide que no puede ser tan difícil llegar a la luna y, junto con varios amigos, crea un cohete a partir de piezas de coche y fontanería. Igualmente habría que hablar del cómic “El cacao espacial”, protagonizado por los inefables Mortadelo y Filemón en 1984 y que supone todo un repaso en clave de humor a la carrera espacial de la Guerra Fría.

Pero este tipo de historias (no se sabe hasta qué punto autocríticas y hasta qué punto acomplejadas) no se daban sólo en plena carrera espacial. En 1905 y en un estilo entre lo paródico y verniano el escritor Juan Pérez-Zúñiga -¡qué curioso, también madrileño!- describía un viaje al espacio exterior en un armario… ¡y con ricos jamones como provisiones!

Por supuesto estos extremos cómicos son vistos con cierta molestia por ingenieros aeroespaciales de nuestro país, que han llegado a diseñar piezas para misiones tan importantes como la Curiosity. Bien es verdad que una de esas piezas fue la primera en fallar cuando la misión llegó a Marte generando muchos chistes. Pero bueno… los pioneros espaciales españoles además de enfrentarse a los rigores del vacío y de los viajes interestelares también deben hacerlo al sempiterno humor de sus compatriotas.

¡Qué duro es viajar donde ningún español ha llegado jamás!

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