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La Feria de Abril (Sevilla)

Si hay una fiesta que sea un escaparate del modo de sentir y vivir la fiesta en Andalucía esa es la Feria de Abril de Sevilla. Una explosión de color, música y folclore que hay que visitar al menos una vez en la vida.

Los orígenes de la feria, sin embargo, no tenían que ver con la celebración sino con el negocio. En 1846 los ganaderos Narciso Bonaplata, de origen catalán, y José María de Ybarra, nacido en el País Vasco, solicitaron los medios para organizar una feria de ganado. Los organismos pertinentes concedieron el permiso para celebrarla en marzo de 1847, así que los organizadores se fijaron como objetivo celebrarla el mes siguiente.

Feria de Sevilla en 1906, por Manuel García y Rodríguez

Feria de Sevilla en 1906, por Manuel García y Rodríguez

Esta feria tuvo mucho éxito. Gente de todos los lugares de Andalucía acudía a la cita, por lo que era necesario proveer a los visitantes de lugares de descanso y diversión. Así que en 1850 se montaron las primeras casetas destinadas a tal efecto. Poco tiempo después era tal la cantidad de pequeños recintos de ocio que se hacía preciso separarlas de la zona dedicada exclusivamente a la venta de ganado.

La Feria de Abril acabó consagrándose como evento multitudinario en el que primaban la música, la gastronomía así como las ganas de pasarlo bien, por lo que la venta de animales acabó convirtiéndose en exhibición ecuestre y taurina. Igualmente hubo cambios en el lugar de su instalación. Hasta 1972 tenía lugar en el Prado de San Sebastián, pero la creciente afluencia de público hizo preciso llevarla al Barrio de los Remedios. Además de por este cambio de localización la Feria de Abril de 1973 es recordada porque tuvo ser programada para los primeros días de mayo. Pero en una resolución digna del pícaro e ingenioso carácter andaluz el problema se solucionó con la inauguración a las 9 de la noche del 30 de abril.

La primera portada de la Feria

La primera portada de la Feria

Si vamos por Sevilla y queremos encontrar la feria no hace falta que preguntemos. Basta con localizar la espectacular portada iluminada con miles de bombillas que se coloca a la entrada. Se trata de una construcción que cada año cambia en diseño y temática. Esta tradición data de 1922, cuando la gran puerta del Prado de San Sebastián tuvo que ser demolida y se sustiyó por una pequeña estructura que acabaría evolucionando hasta convertirse en las monumentales construcciones que vemos hoy.

Una vez que hemos atravesado la portada debemos tener en cuenta varias cosas. A menos que conozcamos a alguien que conozca a alguien que nos “cuele” en una de las casetas privadas sólo podremos acceder a las públicas, que suelen estar abarrotadas.

Interior de una de las casetas de la Feria, ¡a todo lujo!

Interior de una de las casetas de la Feria, ¡a todo lujo!

Otra cuestión es el vestuario: no es imprescindible hacerse con un vestido “de flamenca” o “faralaes” para visitar la feria; pero tampoco es adecuado ir en camiseta y deportivas. Aunque sea una fiesta colorista es algo muy serio y hay que ser formales si no se puede ser tradicionales.

Una vez hechas estas recomendaciones solamente nos queda pediros un favor: difrutad todo lo que podáis, que esta feria sólo dura seis días.

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